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En el Neo-Impresionismo se agrupan las más diversas
tendencias, muchas de las cuales desbordan todo intento de
clasificación cronológica, puesto que en gran
medida se corresponden con figuras concretas: por ejemplo,
Edvard Munch, autor de El Grito, sigue trabajando hasta su
muerte después de la II Guerra Mundial. Van Gogh, en
cambio, muere prematuramente en 1890. El Neo-Impresionismo
es básicamente un movimiento de reacción ante
el Impresionismo: habiendo agotado éste su intención
estética, la única que tenía en realidad,
se ve incapaz de ir más allá. Sus veteranos,
y los jóvenes pintores de París y otros países
europeos influidos por el nuevo estilo, se enfrentan a la
necesidad de abrir nuevas vías de investigación
pictórica. Las respuestas a esta necesidad serán
diferentes según tendencias como el Puntillismo o el
Simbolismo, o según pintores, difícilmente clasificables
en una Escuela concreta, como Cézanne. En cualquier
caso, se aprovechan los avances del Impresionismo sobre teoría
del color e independencia de los temas y se introducen factores
nuevos que permiten revalorizar la importancia del arte.
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